PATRAÑAS
El lenguaje es un instrumento necesario para el desarrollo cognitivo y también para el progreso individual y de las sociedades. Sin él, puede que nuestra especie aun viviera en cavernas o no hubiese bajado de los árboles.
Las palabras son un instrumento en boca del orador o en la mano del escritor ―sea cual fuere el género en que las cincele―. Pero el vocabulario en política es un arma muy peligrosa si es esgrimido por expertos del engaño, cínicos irredentos o especuladores mercenarios, a diferencia de lo que ocurre con su uso literario.
La ficción no existe en el mundo real o no debiera existir en las cuestiones que afectan a nuestras necesidades individuales y comunitarias, solo correspondería que la acción gubernamental y el ejercicio de la oposición parlamentaria, se amoldasen fielmente a los hechos, a lo acontecido realmente y a aquello que se pretende realizar en el devenir para mejorar la vida de la colectividad. Sin embargo, para nuestra desgracia, y lo estamos viendo en España en estos momentos, está llena de relatos, de cuentos chinos o de mentiras colosales, y a eso solo puede llamársele de una manera: maquiavelismo o deslealtad ejercidas por los partidos políticos y por quienes ostentan su liderazgo o representación. Manipulación pura y dura con el único propósito de obtener parcelas de poder a toda costa y a cualquier precio. Y para escuchar tales crónicas tramposas y mal escritas, como las que nos sirven diariamente los especuladores, los estrategas de los partidos políticos y los resortes mediáticos que los acompañan en esas lides de pasmar, de alelar a la ciudadanía, mejor y más productivo, verdad, leer un libro, ver una película o una buena obra teatral. Incluso si me apuran, pasar olímpicamente de todos ellos y mirar a las musarañas.

