PARTIDA
Todo comenzó cuando vendimos la casa vieja ¿te acuerdas? Cargábamos los enseres en el furgón alquilado y, al apagar la luz de la habitación de los huéspedes ―esa que nunca utilizamos―, apareció ella y dijo:
―¿Os vais a marchar sin mí?
Vimos extrañados una sombra sin forma acuclillada en el rincón derecho de la ventana, que prosiguió con su letanía:
―Llevo toda la vida viviendo con vosotros, vigilando vuestros sueños, festejando las alegrías, sufriendo las agonías que habéis atravesado y ahora… ¿os vais a deshacer de mí así como así, sin explicación alguna?
Después de mucho meditar le dimos la dirección de la nueva casa y se vino con nosotros, recuérdalo.
Y ahora está muerta, la sombra; veo como yace no sé si por siempre. Estamos huérfanos, cariño, sin fantasma que nos cuide.
Posiblemente… si se ha ido es porque pronto moriremos también los dos. Ella lo sabrá y, cautelosa como siempre fue, nos está indicando el camino a seguir.
―¿Me entiendes, cielo? ¿Me oyes? ¿O tú ya no estás tampoco?

