MENESTEROSOS
En las grandes urbes cada puerta de iglesia tiene su pobre ―hombre o mujer, no importa―. Es como si hubieran sido adoptados por las mismas o fueran necesarios, no sé. Llegan al alba y están allí hasta que cierran después de misa de ocho, en la noche. En rigor no es un trabajo, pero como si lo fuera. Lo curioso es que esto es una constante desde hace siglos o desde siempre: Una persona con una escudilla en la mano y alguna moneda en el interior de esta que tintinea, que baila como reclamo.
Fotografía: eleconomista.es

