CONSTANCIA
Vivimos en una época de instantáneas, de santiamenes, de fugaces pensamientos. De saberes sin consistencia. Damos demasiado valor a lo que no perdurará, a lo transitorio. Enredados en absurdas quimeras, perdemos lo esencial: lo que permanece. El rigor y la constancia ―imprescindibles elementos para elaborar lo sólido, lo estable―, son atributos que no están al uso en estos tiempos de inmediateces. El esfuerzo parece ser algo innecesario en cualquier orden de la vida. Dentro de poco cumpliré 70 años, espero. No necesito ―desde un punto de vista material― más de lo que poseo. Es suficiente. Sin embargo, me sigo levantando antes de que el alba ponga luces en los tejados. El ansia de saber, de conocer, de entender qué cosa soy y quiénes son los demás y por qué razones adoptamos absurdos comportamientos ante la finitud de la vida, me sigue pareciendo una asignatura pendiente cuyo aprendizaje se nos resiste. Por eso insisto cada día. Por eso leo. Por eso miro. Por eso oigo. Para eso vivo.


Di que si, yo siempre digo que el día que deje de tener curiosidad es porque seguramente ya no esté en el mundo de los vivos.