A LA ESPERA
Bajo las sombras que despliegan los detentadores del poder, malviven los que tienen vetados el acceso a una existencia digna. Bajo el paraguas de la insolidaridad, aguantan las inclemencias naturales o antrópicas sin otra opción que soportar el chaparrón a pelo. Bajo el amparo de los sueños rotos, vagabundean por las calles buscando no ya el derecho que les asiste, sino la caridad que poco o nada solventa más allá de esclavizarlos. Bajo la presión de las horas muertas, entierran a sus hijos o a sus ancestros rezando a un Dios que todo lo puede y sin embargo no los socorre. Bajo la estulticia de una sociedad mansa que es engañada un siglo y otro y otro ―por los que se aúpan a la cúspide de la autoridad, haciendo lo que fuere menester―, viven los hombres y las mujeres del mundo a la espera de un golpe de suerte que cambie sus animales vidas en algo parecido a la felicidad.

